En teoría, no debería haber nada tan bueno para la moral de los empresarios trabajadores y empleados de startups como la perspectiva de una oferta inicial de acciones exitosa.
En la realidad, sin embargo, si bien una OPI (oferta pública inicial) lucrativa es beneficiosa para las cuentas bancarias de los empleados, también crea un cierto grado de caos dentro del ámbito de trabajo, señalan los especialistas en psicología laboral.
Con Google lista para una oferta inicial de acciones multimillonaria y la resurrección de la demanda de títulos tecnológicos, los ejecutivos de las empresas de tecnología vuelven a enfrentar problemas con los que no se encontraban desde los años del auge de las puntocom, 1999 y 2000.
Una de las principales preocupaciones reside en retener a los directivos clave que han ganado suficiente dinero con sus stock options como para no necesitar seguir trabajando. Otra consiste en convencer a los empleados obsesionados con el desempeño de los papeles de la compañía de volver a concentrarse en sus labores.
“En general, cuando una empresa logra un gran éxito en una oferta inicial de acciones, hay una pérdida de impulso”, indicó John Freeman, profesor de empresariado de la Haas School of Business (Escuela de Negocios Haas) de la Universidad de California, sede Berkeley. “Los empleados se pasan la mayor parte del tiempo felicitándose por lo maravillosos que son y se olvidan del trabajo”.
No hace falta decir que es mucho mejor tener que enfrentar esta clase de problemas que los que las empresas deben resolver en el transcurso de un período de depresión de la economía. Durante buena parte de 2001 y 2002, los empleadores estuvieron concentrados en entregarles sus avisos de despidos a empleados que en realidad necesitaban recibir sus cheques de pago. Pero la riqueza repentina es de cualquier manera una fuerza disruptiva cuya existencia debe tenerse en cuenta.
Google, que presentó el jueves su solicitud para implementar una oferta inicial pública por 2.700 millones de dólares, deja en claro sus preocupaciones relativas a la afluencia repentina en el prospecto de su OPI.
Allí, la empresa advierte a los inversionistas que muchos empleados y directivos clave podrían vender sus papeles seis meses después de que se empiecen a negociar las acciones de Google. El resultado, señala el prospecto, es que “esos empleados podrían no tener incentivos financieros suficientes para seguir trabajando en la empresa”.
Las advertencias respecto de los riesgos de que integrantes clave del personal puedan abandonar una empresa son un lugar común en las solicitudes que se presentan para implementar una OPI. Otras firmas de tecnología e Internet que presentaron solicitudes para ofrecer sus acciones poco antes que Google -como Lindows, Brightmail y Shopping.com-también advirtieron a los inversores que no existían garantías de que la gente que actualmente llevaba el timón permaneciera a bordo.
Pero Google llevó sus temores un paso más allá. En el folleto informativo se advierte que si bien la OPI hará que muchos de sus empleados se vuelvan ricos, algunos serán muchísimo más ricos que otros.
“Esta oferta puede crear disparidades en la distribución de la riqueza entre los empleados de Google”, señala el folleto, “lo cual puede afectar adversamente la relación entre los empleados así como la cultura corporativa en general”.
Para suavizar los efectos negativos de la riqueza repentina (sí, puede haber efectos negativos), Steven Goldbart, un psicólogo clínico, recomienda que las empresas que se aprontan para una OPI programen charlas y talleres dirigidos al personal antes de empezar a cotizar en bolsa. Los temas podrían incluir planificación financiera, expectativas laborales y el modo en que la OPI afecta la cultura corporativa.
“El mayor error que puede cometer una empresa es suponer que no habrá efectos”, señaló Golbart, codirector del Money, Meaning and Choices Institute (Instituto Dinero, Significado y Elecciones), que se especializa en asesorar a nuevos ricos. En el caso de Google, cuya OPI se está perfilando como la más importante que se haya registrado para una firma de Internet, ese impacto “será como un rayo que atraviesa la compañía”.
Goldbart considera que el destino de una empresa después de una oferta inicial de acciones dependerá del nivel de satisfacción reinante entre los fundadores y empleados con anterioridad a la OPI. En general, cree que los trabajadores del campo de la tecnología gozan de un mayor nivel de satisfacción laboral que los empleados de otras industrias, lo cual constituye una buena señal para Google y su gente.
Existen excepciones, que tienen a veces consecuencias alarmantes. Cuando los ejecutivos y los empleados se van en masa después de que la firma en la que trabajan accede al dinero por primera vez, señala Goldbart, “la empresa suele quedar patas para arriba”.
Laura Steck, una coach de ejecutivos del Growth and Leadership Center (Centro de Crecimiento y Liderazgo), una firma de Silicon Valley que asesora a directivos de empresas, recomienda a las firmas que se preparan para una OPI consultar a sus empleados, para averiguar sus opiniones respecto de posibles maneras de mejorar las condiciones de trabajo.
Los empleados, subrayó Steck, sufren con frecuencia un estrés excesivo como resultado de los exigentes horarios de trabajo asociados con las startups. Cuando una startup se prepara para convertirse en una empresa que cotiza en bolsa, debe asegurarse de que sus integrantes clave tengan suficientes razones para no irse de la firma tan pronto les sea económicamente factible.
Pero según Freeman, de la Universidad de California, es de esperar que se produzcan algunos cambios en los niveles gerenciales en el año que sigue a una OPI. Y no todos los cambios serán necesariamente malos.
Algunas personas que dan lo mejor de sí en el entorno acelerado y audaz de una startup que se está iniciando pueden no ser los más indicados para el trabajo en una empresa que cotiza en bolsa y debe rendir cuentas regulamente ante sus accionistas, señaló Freeman.
“Es necesaria una raza diferente de empleados para operar una gran empresa que cotiza en bolsa”.
Leido en Wired
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