¿Cuánto vale una invitación para una cuenta de Gmail?
Si usted tiene una invitación a abrir una cuenta en el nuevo servicio de email de Google, la puede vender en eBay por hasta 60 dólares. Pero si el dinero en efectivo le resulta demasiado prosaico, su invitación Gmail podría reportarle 4 libras de merengue fresco, algunos conocimientos místicos del judaísmo, una foto de una esposa y una novia besándose, una tarántula, el número de teléfono del Hilton de París o alguna otra de las más de 1.000 opciones posibles.
Un nuevo sitio, gmail swap (intercambio gmail), pone en contacto a los pocos afortunados que cuentan con una invitación con quienes están dispuestos a dar casi cualquier cosa a cambio de obtener una cuenta.
“Durante semanas estuve oyendo a la gente hablar de su desesperada necesidad de tener una cuenta Gmail, y me pareció que era tonto -y un poco triste-que no hubiera otro recurso más que eBay”, señaló Sean Michaels, el creador de gmail swap. “Nació de mi firme creencia de que en algún lugar había gente linda dispuesta a responder los ruegos de las masas, pero que no existía una vía que pusiera a los dos grupos en contacto”.
Gmail atrajo muchísima atención en las últimas semanas. Google planea ofrecerles a los usuarios de Gmail la posibilidad de almacenar hasta 1 GB de emails y adjuntos en sus cuentas, mucho más espacio de almacenamiento que el que brindan los servicios rivales Yahoo Mail y Hotmail. Pero Gmail se encuentra aun en fase beta y el público todavía no puede suscribirse. Para abrir una cuenta de prueba, es necesario contar con una invitación de un empleado o un asociado de Google. La gente está pidiendo las cuentas a gritos porque Google cuenta con una imagen de empresa joven, progresista y a la moda.
“Creo firmemente en Google, sobre todo en sus declaraciones de principios y sus políticas y en lo que ellos creen”, indicó Kim Pardi para explicar por qué ofrecía imágenes digitales de sus “bonitos dedos de los pies” a cualquiera que fuera lo suficientemente amable para enviarle una invitación. “Es que me parece que sería fabuloso”.
Al final, dijo Pardi, aceptó plantar un árbol en nombre de la persona que le diera la oportunidad de tener su cuenta Gmail, pero insiste en que también habría enviado las fotos de sus dedos.
Para Michaels, las ofertas coloridas como la de Pardi han hecho que operar gmail swap resulte divertidísimo.
“La mejor parte es la extraordinaria riqueza de creatividad, personalidad y diversidad humana que ha desfilado”, señaló.
Sólo el martes, se publicaron 445 ofertas de intercambio. Y con tantas para recorrer, Michaels ofrece una lista de las que considera más interesantes.
“Mi preferida es quizás la del integrante de la tripulación de un avión que ofreció enviar postales una vez al mes de todos los lugares del mundo”, dijo.
En los primeros días del Gmail, sólo los empleados de Google y sus amigos recibieron cuentas. Ahora, es más la gente que las tiene, pero persiste la impresión de que quienes disponen de invitaciones para compartir pertenecen a Google o, al menos, están en busca de ofertas de intercambio dignas de Google.
Pardi dijo que ella piensa que podrían ser las ofertas “inteligentes, donde la gente se ofrece como esclava. No algo como: ‘Te doy mi disco rígido’. Eso es aburrido”.
Claro, hay otro aspecto del Gmail que concitó también muchísima atención : el servicio efectúa búsquedas automáticas en los mensajes de sus miembros para detectar palabras clave y luego incorpora avisos publicitarios vinculados con esas palabras para acompañar los mensajes. Muchos defensores de la privacidad han planteado interrogantes en relación con el programa.
Michaels desestima los temores planteados.
“Creo que los temores relativos a la privacidad se han exagerado, en serio, y pienso que la mayoría de la gente está de acuerdo”, apuntó. “Tal como van los servicios de email comerciales, Gmail es más que benigno, y a menos que uno tema que los robots que escanean el email sean malvados, no hay mucho de qué preocuparse”.
Sea como sea, las ofertas siguen llegando a raudales.
¿La mejor del miércoles? Un sofá de la época del 70, una semana de tragos en Barcelona, un chivo y “filosofía de Hume, Berkeley y/o Kant”.
Leido en Wired
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