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OJO
5 de Julio de 2004

El buscador Google calentó el mercado cuando anunció su salida a bolsa. Pero cuando dijo que lo haría con dos tipos de acciones para que el control de la empresa no cambiara, algunos ánimos se enfriaron.
Cuando Google anunció en abril su salida a bolsa para este año, a algunos inversores les sorprendió su deseo de emitir un tipo especial de acciones que asegurara a los fundadores el control de la compañía.
Cada una de las acciones tipo B, reservadas para personal vinculado a la empresa, tendrá asociados 10 votos, mientras que las acciones tipo A, que pueden ser adquiridas por el público general, tienen tan sólo un voto, una proporción habitual entre las aproximadamente 600 empresas que emplean este sistema dual.
Las acciones duales de empresas como Berkshire Hathaway, Viacom, Comcast, Cox Communications o Columbia Hospital están diseñadas para garantizar el control de las votaciones a determinados accionistas y, en la mayoría de los casos, estos títulos no salen a bolsa.
Desde hace tiempo, los grupos defensores de los derechos de los accionistas denuncian que el sistema dual de acciones viola el principio básico de una acción, un voto. Sus defensores, en cambio, sostienen que contribuye a la estabilidad de las empresas, protegiéndolas contra intentos de absorción y otros contratiempos.
La pregunta inmediata es: ¿beneficia de algún modo a los accionistas normales que los ejecutivos, consejeros y fundadores de la empresa posean un paquete considerable de acciones?
“Depende de la naturaleza de la propiedad”, dice Andrew Metrick, profesor de Finanzas de la escuela de negocios Wharton. “Tener el control de las votaciones es algo malo, pero ser propietario en el ámbito económico es bueno”, afirmaba resumiendo los resultados de un estudio que comparaba cientos de empresas con sistemas duales frente al universo de empresas con un sólo tipo de acciones entre 1994 y 2001 .
“Lo preferible sería poder conceder a consejeros y directivos un alto grado de propiedad accionarial, pero no de propiedad en términos de votos, que es justo lo contrario de lo que se observa en la mayoría de las empresas con estructuras duales”.
Metrick realizó dicho estudio con Paul A. Gompers, profesor de Gestión Empresarial en Harvard Business School, y con el economista de Harvard Joy Ishii. El artículo se titula Incentivos versus control: Un análisis de las empresas estadounidenses con sistemas duales.
Propiedad vs controlAnalistas, líderes empresariales y académicos siempre han creído que los ejecutivos que poseen un paquete importante de acciones trabajan más duro para conseguir subir el precio de las acciones, beneficiando así a todos los accionistas. Además, los ejecutivos que controlan un gran porcentaje de votos pueden atrincherarse en la compañía, anulando cualquier esfuerzo del resto de accionistas por sustituirlos si no lo están haciendo bien.
En las empresas con un único tipo de acciones –donde la participación en el capital social y el derecho de voto están directamente relacionados–, es muy difícil determinar cuál es el factor con mayor peso, o cómo los diferentes grados de propiedad afectan a los resultados del grupo.
Pero en las compañías con estructuras duales, el porcentaje de participación en el capital y el control en las votaciones no recae necesariamente sobre los mismos hombros. Un ejecutivo puede ser propietario de un importante paquete de acciones, pero si se trata de acciones con un sólo voto, su poder es mínimo, porque las acciones con derecho de voto múltiple están en otras manos.
También puede ocurrir que tenga muchas acciones con más derechos de voto y unas pocas corrientes, lo que le confiere gran control pero poca participación en la propiedad.
Valor y participaciónLos autores estudiaron el valor de cada empresa utilizando la regla de la Q de Tobin, que se calcula dividiendo el valor de mercado de los activos por el valor de reposición de los mismos (básicamente es la rentabilidad de las acciones con algunos ajustes). Cuanto mayor sea la cifra resultante, mayor es el valor de la empresa.
El valor de las empresas mejoraba a medida que aumentaba el porcentaje de participación en el capital de las personas de la compañía, alcanzándose el máximo valor cuando dicho porcentaje era el 33%. Cuando su participación pasaba del cero al 33%, la Q de Tobin aumentaba un 15%.
“A medida que su porcentaje de participación aumenta, los incentivos de los directivos son cada vez más afines con los del accionista externo y, por tanto, se tomarán mejores decisiones (desde el punto de vista de los accionistas) y se alcanzará un mayor valor”, explican Metrick y sus colegas en el artículo.
El efecto se aminora cuando el porcentaje supera el 33%, posiblemente debido al efecto riqueza. Entonces, estos accionistas son tan ricos que su interés por acumular más acciones disminuye, y prefieren estrategias corporativas que concedan mayor importancia a la seguridad que a los resultados.
Un mayor poder de los accionistas de la empresa en las votaciones consigue, precisamente, el efecto contrario. La Q de Tobin disminuye a medida que aumenta su poder, obteniéndose el valor mínimo cuando controlan el 45% de los votos. Al incrementar su poder en las votaciones del cero al 45%, la Q de Tobin cae un 25%. “Esto es coherente con el efecto atrincheramiento. Cuanto más control tienen los accionistas de dentro de la firma, mayor es la probabilidad de que puedan imponer determinadas estrategias a costa de los accionistas externos”, escriben los autores.
Sacrificar resultados por controlEn el estudio también se detectó que el crecimiento de las ventas aumentaba a medida que se elevaba la participación de los accionistas de dentro en el capital, y empeoraba conforme aumentaba su poder en las votaciones.
Este mismo patrón se reproducía con los gastos de capital, I+D y publicidad, “siendo su efecto más pronunciado en el caso del crecimiento de las ventas y del gasto en publicidad”, explica Metrick.
“Los datos sugieren que los accionistas internos que tienen mucho control en las votaciones son reacios a captar fondos a través de una ampliación de capital, ya que en este caso su poder se difuminaría”, sostiene el profesor de Wharton. En consecuencia, suelen escatimar en inversiones y en otro tipo de gastos que pueden mejorar los resultados. Sacrifican parte de los resultados para mantener el control.
Las acciones tipo B son un escudo tan efectivo contra las opas hostiles que las empresas con dos tipos de acciones suelen utilizar menos los blindajes accionariales como el método de defensa frente a los intentos de compra.
Los investigadores también concluyera que las empresas con sistemas duales suelen tener más deudas que las compañías con un único tipo de acciones. “Una explicación es que los inversores pueden ser reacios a adquirir acciones que tiene menos derechos de voto y, por tanto, estas empresas tienen que apoyarse en mayor medida en la financiación a través de la deuda”, escriben los autores.
“La principal conclusión de nuestro estudio es que algunas empresas adoptan estructuras duales cuando sus propietarios son reacios a ceder el control. En consecuencia, tienen menos probabilidad de acudir a los mercados de capital –con el fin de evitar que el control se diluya–, e invierten menos, crecen más lento y están peor valoradas”.
Esto no significa que todas las empresas con dos tiposde acciones estén condenadas a obtener resultados menos satisfactorios. Berkshire Hathaway, Comcast y otras muchas proporcionan suculentos beneficios.
Pero Metrick sugiere que los inversores deberían analizar los efectos negativos del sistema de propiedad dual a la hora de comprar acciones como las de Google. “Puede que sólo adviertan los efectos positivos, pero al menos deberían considerar la existencia de negativos”.
Leido en Expansión

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