Muchas veces, cuando pensamos en una estrategia de blog-marketing para un producto en particular, nos encontramos con la dificultad que el producto puede ser muy poco atractivo como para “merecerse” un blog.
Supongamos que tenemos una empresa que vende vajilla. Viene un consultor y le dice al cliente que tiene que tener un blog. El cliente le hace caso omiso y se arma su blog “corporativo” www.vajilla-ejemplo.com/blog. Al tiempo el cliente no ve que suceda nada bueno. El consultor mira el blog y lo único que ve es que el cliente ha estado “replicando” aburridas notas de prensa en forma de entradas en el blog. No hay ni un solo comentario, ni rastros de un trackback.
El paso siguiente consiste en reformular la estrategia. El cliente empieza a escribir sobre otras cosas. Cuenta intimidades de su empresa, sobre la cantidad de empleados, sobre lo simpática que es la secretaria. Además de algún que otro “test de resistencia” y sus resultados, donde se comenta que luego de haber tirado 1.000 platos al suelo, desde una distancia de 3 metros, solo el 13% de los platos se han roto.
Al cabo de algunas semanas el blog de la vajillas irrompibles registra la formidable cifra de cero comentarios y cero trackbacks. Vamos, que no lo lee ni Dios. Y eso que el obediente cliente se dio de alta en Technorati, sugirió su blog para el ranking de Top Blogs, etc…, hasta se inventó un usuario en Menéame para promover sus “interesantes” test de resistencia de la vajilla. Pero no hay caso.
Cuando por fin llega la hora de replantearse la estrategia, no se ve otro camino que el de crear un blog más generalista, no obstante vertical, sobre el tema vajilla e involucrarse activamente en la conversación. Las preguntas que deberían surgir entonces son:
Siendo estas solamente algunas de las preguntas que nos tenemos que plantear, queda claro que o bien se toma en serio la estrategia y se la cumple de pies a cabezas, o el simple hecho de bloguear se torna una tarea sin sentido, una perdida de tiempo y una frustración.
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