Salir a bolsa no es el fin, sino el principio de los problemas de una compañía. Los fundadores de Google lo deben saber bien, porque se han resistido como gatos panza arriba. Aunque al final los deseos de trincar la pasta de los capitalistas de riesgo (y de millones de potenciales inversores por entrar) han sido demasiado. Google sale por fin a bolsa, con sus idiosincrasias y sus buenas intenciones. Brin y Page parecen haber planificado con inteligencia la salida a bolsa, aunque cabe preguntarse si es razonable invertir en ella. E incluso cabe temer por el futuro de la empresa a largo plazo, ése que tanto preocupa a sus fundadores. El destino de Google podría ser paralelo al de Yahoo!: una carrera detrás de su propia imagen en la que se acaba por vender el alma a cambio de una sonrisa de Wall Street. Y ¿qué es una empresa de Internet sin alma?
Sergey Brin y Larry Page parecen haberlo planeado bien. Contra las recomendaciones del ‘establishment’, la salida a bolsa de Google se hará parcialmente por subasta, lo cual evitará que se beneficien sólo los ‘insider’ de los mercados financieros. También dispersará las acciones, lo cual ayudará a los fundadores a mantener el control de la empresa. El hecho de que se emitan dos tipos de acciones con diferentes derechos de voto (como en algunas empresas de medios) también está diseñado para que la dirección de la empresa se mantenga firme en las actuales manos. No faltan las típicas Idiosincrasias Google: los papeles, redactados en un estilo muy poco formal, incluyen un Manual del Poseedor de Acciones, y la cantidad de dinero buscada (2.718.281.828 dólares) coincide casualmente con el valor de la constante de Euler, e. En ese sentido todo es quintaesencialmente Google: simpático, informal, e intentando con decisión ‘No Ser Malos’.
Y sin embargo la salida a bolsa puede acabar, a largo plazo, con Google. O de forma más precisa con su alma, transformando la empresa en un zombi.
Todo empieza con la valoración que el mercado asigna a la empresa (y que la subasta de acciones contribuirá incluso a aumentar). El valor neto de una compañía depende de los ingresos que se espera obtenga. En el caso de Google sus ingresos del año 2003 no llegaron a 1.000 millones de dólares (962), y sus beneficios fueron de 105 millones. La valoración de 20.000 millones de dólares supone más de 20 veces ingresos (o 190 veces beneficios). Mantener una valoración así exigirá a la empresa aumentar sus ingresos y reducir sus gastos como sea. El ambiente dentro de la compañía cambiará sutilmente: el paraíso de los ingenieros se transformará en un avispero de especialistas en márketing y ventas.
En otras empresas del sector esto ha acabado provocando la fuga de los mejores cerebros de la compañía. No olvidemos que hoy en las oficinas de Google muchos empleados tendrá bajo su trabajo del día una hoja de cálculo con los (sustanciosos) beneficios que esperan obtener con sus opciones sobre acciones. Para colmo la empresa (siempre orgullosa de su capital humano) duplicó mediante un ‘split’ la porción de pastel que recibirán sus empleados. Ahora bien: imagine tener en su cuenta corriente una decena de millones de euros. Imagine tener que levantarse temprano para ir a trabajar. Imagine que tras años de apasionante labor de amor le ponen un jefe cuya misión es extraer la última gota de rentabilidad de su trabajo.
Es el camino de Yahoo!
La transformación de una empresa dedicada apasionadamente a su trabajo en una máquina de hacer millones den Wall Street es un delicado proceso. Todo aquello que hace de Google un lugar ilusionante donde trabajar puede desaparecer en la búsqueda diaria de unos céntimos más de beneficio. Cierto que los fundadores parecen conscientes del problema y han tomado medidas para resolverlo. Pero ni siquiera ellos pueden estar seguros de soportar durante mucho tiempo la aplastante presión del mercado de valores. Si fallan, y acaban por perder la simpatía y cariño de los internautas, Google valdrá mucho menos.
Sumando la (muy real) posibilidad de que el precio de la salida se dispare, invertir ahora en Google tal vez no sea la mejor de las ideas. Ojalá que la empresa demuestre que es factible ser una gran compañía en la Red sin perder el alma. Por el bien de todos.
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