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OJO
artículo de publicado el 16 de mayo de 2004...

Google ha conseguido demostrar a muchos que es posible seguir un sueño, tener pocos medios y hacer que triunfe. Lo que comenzó como una idea de un par de universitarios que desoyeron los consejos de sus consejeros, se ha convertido en una de las empresas más eficaces del mercado tecnológico mundial. Así es la empresa más envidiada en estos últimos años. Es impresionante recordar cómo sus primeras oficinas estaban ubicadas en un garage de Menlo Park, California, con sólo cuatro empleados y alrededor de 10.000 consultas al día, y cómo actualmente sirven más de 200 millones de consultas al día, con 4.285 billones de páginas indexadas y más de 1.000 empleados. Es sorprendente.

Quizá algunos os pregunteis, ¿cómo era la vida antes de Google? Estos últimos seis años han visto a esta joven empresa convertirse no sólo en el motor de búsqueda más popular de mundo, sino, en un verbo (googlear), una palabra cotidiana (googlemania) y un fenómeno culural (¿alguien no conoce Google?).

Google es el lugar donde coinciden más de 80 idiomas diferentes. Es un fenómeno global. Se ha convertido, sin discusión, en una herramienta esencial para todas aquellas personas que hacen uso de la Red. Podemos pasarnos horas y horas googleando realizando labores de investigación, búsqueda de imágenes, información útil o incluso para conocer más sobre personas que nos interesan, incluyéndonos nosotros mismos. ¿Hay alguien que no ha sentido la curiosidad de escribir su nombre y pinchar en Google para ver los resultados? ;) Me temo que no me equivoco.

El crecimiento y conocimiento de Google se ha extendido no solo por toda la red, sino fuera de ella. Como ejemplo podemos echarle un vistazo a series tan conocidas como “Sexo en Nueva York” (Sex and the city) o “El ala oeste de la Casa Blanca” (The west wing) donde surgen conversaciones mencionando a Google. Google está ya por todas partes. De hecho, recuerdo haber leido una frase que me causó impresión el año pasado. Fue la de un columnista del New York Times, Thomas Friedman, que se llegó a preguntar incluso si “¿es Google Dios?” Sin duda, una prueba más de la influencia generada por esta dinámica e “informal” empresa.

Y es que Google ofrece respuestas con una rapidez y facilidad pasmosa. Realmente existe una gran cantidad de personas que pasan muchísimo tiempo con él, y lo sienten cercano; tan cercano, que el profesor de la Universidad de Washington Information School que enseñó el primer curso universitario sobre Google esta primavera, Joe Janes, llegó a comentar que “no creo que tenga que ir tan lejos como para decir que la gente trata a Google como si fuera un amigo, pero contiene un par de cualidades del típico rol de amigo; por ejemplo, te ayuda a encontrar cosas y siempre está ahí”. Razón no le falta.

Lo cierto es que usamos Google tanto para el trabajo como para el ocio. La información antes de Google era ardua y a menudo nada grata, todo hay que decirlo, antes de que los graduados por Stanford, Larry Page y Sergey Brin aparecieran en la escena con un algoritmo de búsqueda y calificaran las páginas web en base a su importancia para determinar su utilidad.

Google, un juego de palabras procedente de googol , que significa el número uno seguido de 100 ceros, hizo que la búsqueda de internet no fuera del todo fácil, pero sí divertida. Logotipos originales en fechas especiales, historias sobre los propios integrantes de Google, sus principios fundacionales de “puedes ser serio sin llevar un traje” y “puedes hacer dinero sin ser malvado”, llegaron a Internet rompiendo moldes, al más puro estilo romano “vini, vidi vinci”.

Sin embargo, siempre hay pegas. Algunas veces el talante divertido de Google se ha convertido en algo amargo o por lo menos mordaz. Los famosos “google bombings” que consiguen una forma de linkar las palabras con un objetivo predeterminado (véase el famoso caso de “fracasado miserable” (miserable failure) con el Presidente George Bush o el de las “armas de destrucción masiva”). Pero el lado amable y curioso también lo encontramos. Los “google whacking”, mucho más divertidos y nada conflictivos, han llegado a convertirse en un deporte de producir búsquedas utilizando palabras extrañas que den como resultado una única opción. Haced la prueba. Es entretenido. ;)

Finalmente sólo me queda por decir que estos dos jóvenes entienden Internet, cómo funciona y cómo lo usa la gente. De ahí procede su éxito. Ahora, que acaban de encaminarse en la acertada tarea o no del mundo de la Bolsa, se acercan tiempos de incertidumbre. Hay dudas sobre el cambio de talante de la empresa. Google es envidiada por su buen entorno de trabajo, su “buen rollo” entre compañeros y su filosofía de jóvenes informales trabajando muy en serio. Pronto veremos si este paso ha definido un cambio en su línea de evolución, para bien o para mal.
Leido en La Flecha

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