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OJO
artículo de Redacción publicado el 5 de Febrero de 2004...

¿No sabes una cosa? ¿La memoria te ha abandonado? No importa. Búscalo en Google. El motor de búsqueda más importante del mundo. En enero de 1999 registraba sólo 10.000 consultas diarias y en marzo del año pasado ya llegaba a los 200 millones. A mediados de los años 90, dos estudiantes de informática de la universidad de Stanford llamados Sergey Brin y Larry Page pensaron en un estudio matemático de las relaciones entre las páginas. De ahí salió Google, empresa creada en 1998.

Inventaron la llamada Page Rank, por la que el valor de una página web va incrementándose en función de las consultas directas o indirectas que recibe. “Page Rank se basa en la naturaleza puramente democrática de la web”, dijeron en su día los precoces inventores. Una vez más, con el brillo irreflexivo de la pantalla, Brin y Page venían a reconocer que la verdad es estadística. Goebbels, el propagandista de Hitler, nos había dicho que una falsedad repetida cientos de veces acaba convirtiéndose en verdad. McLuhan nos recordó no sólo que el medio era el mensaje, sino que el medio era el masaje, y que había que frotar e insistir para que las ideas colaran. Ahora, en tiempos de ideas escasas, Google nos ofrece una visión del mundo reduccionista. La información veraz ya no depende de la calidad, sino de la cantidad de gente a la que consigamos persuadir de que nos cliquen en la web. Yo mismo lo comprobé el otro día buscando una foto del navío de guerra Aurora, un territorio mítico de la revolución bolchevique, atracado en el puerto de San Petersburgo. Google me ofrece entre las chimeneas del buque de guerra los sitios web de casas de alterne con toda la artillería fotográfica de unas chicas que también hubieran tumbado al zar. Los nombres ya no son las cosas cuando un nombre vale más que lo que significa. Y las ideas se marchitan cuando son colocadas bajo la lupa de las grandes palabras.

Pienso en ese fenómeno sintético de Google, esa plataforma dónde los 10 primeros corresponden a los más vendidos, para llegar a la conclusión de que también la política está llegando al mismo destino. Hubo un tiempo en el que los argumentos políticos eran elaborados y exigían de los prosélitos o de los votantes el mínimo esfuerzo. Pero la política se ha llenado de titulares. ¿Cómo se levanta el voto? El insulto es agradecido. El corte de voz de un candidato ya forma parte de los contestadores telefónicos. El titular bien sembrado acaba configurando un jardín del Edén. La memoria es biodegradable. La cara dura es el paisaje. Las noticias que afectan a mucha gente son minimizadas y las que afectan a la gentecilla se magnifican. Al igual que en el Google, donde un barco revolucionario puede estar junto a un puticlub, en la política de estos días la misma mano que abraza al Maragall de hoy puede llevar un puñal para el Maragall de mañana.
Todo es perfume caduco. A un lado, el aroma de la esperanza. Al otro, el hedor del miedo a cualquier cambio. Ya ni siquiera sabemos si somos de los nuestros. El socialismo clarividente prefiere los ojos vendados. Y la República, según la web, ya sólo es una discoteca bajo la estación de França. Ya nada es profundo.

Por El Periódico

  1. el 6 de Diciembre de 2007, La cara dura es el paisaje « zhuque ha dicho...

    [...] Dime de qué te quejas y te diré lo que haces: “La memoria es biodegradable. La cara dura es el paisaje. Las noticias que afectan a mucha gente son minimizadas y las que afectan a la gentecilla se magnifican.”  Ojobuscador [...]

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